jueves, 25 de agosto de 2011

Catequistas, discípulas y discípulos de Jesús


Señor de la Vida y la Esperanza,
hace tiempo nos llamaste
mirándonos a los ojos
y hablándonos al corazón
para repetir, como ayer con Pedro,
Andrés, Mateo, Marta y María,
María Magdalena, Pablo… y tantos mas
hasta nuestros días,
esa palabra que se transforma,
al abrazar tu llamado,
en el pozo de agua viva
 donde siempre podemos refrescar
nuestra vocación
y alimentar nuestra misión.
“Sígueme” nos dijiste,
llamándolos por nuestro nombre
y concediéndonos el don
de hablar en tu Nombre,
para despertar en los otros
lo que Tu, Señor, avivas
cada mañana de nuestra vida,
Tu Presencia, Jesús,
caricia, fuerza, impulso, fuego,
que anima, ilumina y da sentido
para vivir con alegría y para los demás.
“Sígueme” nos dijiste,
llamándonos por  un nuevo nombre “Catequista”,
mientras, tal vez sin darnos cuenta,
ponías tu mano en nuestra boca,
signo de nuestra vocación naciente,
ser portadores de tu Palabra,
eco de tus Enseñanzas,
testigos de Tu Proyecto,
servidores de la vida,
vasijas frágiles para la fuerza de tu Mensaje.
“Sígueme” nos dijiste,
abriendo ante nosotros un horizonte
e invitándonos a hacer camino,
descubriendo la espiritualidad del peregrino,
la riqueza de andar “ligero de equipaje”,
la libertad de seguirte “a la intemperie”,
la gratuidad de encontrarte “en la periferia”,
la alegría de aprender a “sorprenderse”
para volver al espíritu de niños
que conduce al Reino.
“Sígueme” nos dijiste,
Invitando a la vida de discípulas y discípulos.
Queremos responderte, Señor,
cada mañana  de nuestra vida,
con las Palabras del salmista,
conocedor de los senderos de Dios,
para hacer nuestra su experiencia,
abrir los oídos del corazón,
y encarnar en el tus enseñanzas:
“Tu Palabra es antorcha de mis pasos
y  luz de mi camino”.
Queremos ser Padre Bueno,
Catequistas, Discípulas y Discípulos de Jesús,
¡ que Tu Espíritu nos guie en el camino!
Fuente Marcelo A. Murua

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